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Autonomía de centro

Luis Carbonel

Luis Carbonel

Hay que felicitar a la comunidad autónoma de Aragón cuya consejera de educación, apoyándose en la LOMCE (Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa) parece que se va a atrever a ampliar la autonomía de los centros (y, por tanto, la libertad y calidad de la enseñanza).

La autonomía de centro, como la formación del profesorado, son dos medidas que el informe PISA considera fundamentales para conseguir el éxito escolar.

Los colegios podrían de esta forma añadir varios días lectivos o configurar su horario diario de impartición de clases atendiendo a la demanda y necesidades de las familias; es decir, podrían personalizar mucho más la enseñanza teniendo en cuenta diversos factores, como las necesidades de los alumnos, el perfil socio económico de las familias, la climatología y fiestas de cada localidad, etc.

Hay muchos temas que podrían ser objeto de esta medida: aumentar los días lectivos escolares; redistribuir las vacaciones durante el curso; establecer el mejor tipo de jornada (continua, partida, mixta) y su horario de aplicación, etc. Y lo deseable sería que alcanzara a otros como la especialización curricular y la autonomía que permitiera a los directores y profesores buscar la mejor forma de mejorar su docencia.

Estas medidas serían aprobadas previamente por el Consejo Escolar del Centro y quedarían condicionadas a que no suponga coste alguno ni para las familias ni para la Administración –condición lógica en estos tiempos de crisis y falta de recursos- lo que supone un límite importante a su posible implantación, porque se antoja difícil que los docentes acepten, por ejemplo, dar más días de clase por igual remuneración. Asimismo, la implantación de la medida debe realizarse con, al menos, un mes de antelación al inicio del curso y ser aprobada por la dirección provincial.

Pese a sus limitaciones, la medida es una bocanada de aire fresco en el hermético sistema educativo español, tan poco proclive a favorecer la autonomía de centro, en la medida que ello supone alentar la libertad, la diversidad y la sana competencia entre centros.

Lamentablemente, y como ya estamos acostumbrados, ya se han oído voces en contra de cualquier medida que rompa la uniformidad y permita que cualquier centro educativo se distinga de los demás, aunque sea implantando medidas de mayor esfuerzo, porque eso supone dejar en evidencia a los demás. Se trata de lo de siempre: igualar, no por razones de justicia, sino para que nadie pueda destacar de los demás dejándolos en evidencia. Por ello, sin valor y voluntad política será muy difícil que esta medida salga adelante.

Luis Carbonel, presidente de CONCAPA.

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Los alumnos españoles, por debajo de la media

Luis Carbonel, presidente de ConcapaHemos conocido los datos facilitados por el Informe de la IEA (International Association for de Evaluation of Educational Achievement), y no nos ha sorprendido lo más mínimo, ya que van en la misma línea que nos vienen marcando todos los informes nacionales e internacionales: estamos por debajo de la media desde hace años. En concreto, el mencionado Informe de la IEA señala que los niños españoles de Primaria están por debajo de la media de la OCDE en Lectura, Matemáticas y Ciencias.

Por eso, CONCAPA pide que se realicen cambios sustanciales en la nueva reforma educativa, de manera que se solucione este grave problema, reforzando la Educación Infantil y Primaria.

Como todos sabemos, el fracaso escolar que se produce en la Secundaria se va gestando en la Educación Infantil y Primaria. Por eso es preciso adoptar medidas innovadoras en este sentido (además de las dos evaluaciones sin efectos académicos), y que se refuercen especialmente las materias troncales. Es la única forma de acabar con esta lacra de fracaso y abandono que padecemos en nuestras escuelas.

CONCAPA ha mostrado su desacuerdo con aquellos que se oponen a la reforma educativa sin plantear alternativas constructivas, teniendo en cuenta que, además, están defendiendo un sistema educativo obsoleto, que durante más de 20 años ha sido incapaz de mejorar nuestros resultados en el ranking internacional.

El sistema educativo de la LOGSE nos ha sumergido en un grave fracaso escolar en todos los niveles educativos, por lo que es preciso plantear un cambio radical del sistema. Frente a quienes persisten en el error de seguir en esa línea, creemos que hay que apostar claramente por la libertad de elección de centro y el derecho de los padres a elegir la educación que quieren para sus hijos, incluida la asignatura de religión, equiparable con el resto de las materias y con una alternativa para los que no deseen cursarla. La asignatura de Religión es, además, de libre elección (voluntaria) frente a quienes pretendieron la obligatoriedad para todos de una asignatura como la Educación para la Ciudadanía.

Las últimas propuestas planteadas al anteproyecto de la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa) apuntaban algunos aspectos interesantes como la supresión de la Educación para la Ciudadanía (que, además de mostrar su carácter ideológico restaba tiempo y esfuerzo a las materias troncales) o la necesidad de una memoria económica para llevar a cabo la reforma.

CONCAPA considera también una gran noticia defender el derecho de los padres a educar a sus hijos en castellano en cualquier lugar de España si así lo desean. Pero también valoramos positivamente aspectos como que la mitad del contenido y horarios de las materias troncales los fije el Estado, mientras que los contenidos de las específicas y de especialidad sean fijados por las CCAA, para evitar diferencias de nivel de conocimientos entre alumnos de diferentes Comunidades.

Apoyamos también aspectos como las pruebas objetivas y externas y la necesidad de que el alumnos de FP pueda obtener el título de ESO. Pero pedimos al Gobierno un mayor apoyo al asociacionismo familiar y cambios en las etapas de Infantil y Primaria para salir de esta medianía escolar.

Luis Carbonel, presidente de CONCAPA

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El padre, el profesor y el entrenador deportivo

Alberto Undiano Mallenco, Árbitro Internacional (Federación de Navavarra)

(Publicado en el número 47-enero-marzo de 2012- de la revista CONCAPA Informa)

La asignatura de Educación Física está muy bien vista por la mayoría de los alumnos. Los profesores de Educación Física deben -y así lo hacen- hacer ver a los alumnos que el deporte, además de diversión y ocio, implica una serie de valores como sacrificio, compañerismo, respeto, saludo… que benefician el desarrollo personal de los alumnos.

El colectivo formado por estos profesores han demandado históricamente más horas semanales para su asignatura, pero también que no se vea como una asignatura de segundo orden. Yo, personalmente, estoy totalmente de acuerdo con esta demanda, pues la inversión en deporte hará que nuestros hijos adquieran una serie de hábitos más saludables dentro de una sociedad que cada vez más se encuentra con el problema del sobrepeso infantil.

A diferencia de la asignatura de Educación Física, en el deporte es el niño el que ha elegido una actividad que quiere realizar (es el niño es el que debe elegir el deporte que quiere realizar), no los padres.

En cuanto al entrenador, cualquier persona no está preparada para entrenar. En todos los colegios, escuelas o sociedades deportivas debería existir la figura de un coordinador deportivo que se encargue de elegir y formar a los entrenadores que van a estar a cargo de los niños.

El entrenador, aparte de enseñar a jugar al fútbol, basket, judo… debe fomentar por encima de todo los valores de respeto a los compañeros, contrarios, árbitros, reglas de juego, superación, diversión…Abogo por la práctica deportiva de los niños dentro de estas actividades extraescolares pues, mientras que nuestros hijos están haciendo deporte, estarán alejados de una serie de peligros y malos hábitos que, por desgracia, están inmersos dentro de nuestra sociedad.

LOS PADRES

Conocí un entrenador que dijo una frase dura pero significativa: “No me gustaría acabar mi carrera como entrenador sin entrenar a un equipo de huérfanos”.

La frase es dura y tal vez un poco exagerada y cruel, pero encierra un sentimiento y una realidad que existe dentro de la práctica deportiva de los niños, donde en ocasiones el papel del entorno familiar deja mucho que desear.

Creo que la mayoría de los padres contribuyen a una educación deportiva correcta pero, hoy en día, todavía nos encontramos con la figura del padre-madre-abuelo… que, en vez de dedicarse exclusivamente a animar, se dedica a hacer de entrenador, incluso por encima de la figura del verdadero entrenador del equipo de su hijo.

No entiendo cómo a un niño se le puede dar un euro por gol anotado, o no enseñarle a aceptar las derrotas (hay que ser más cariñoso cuando se pierde). Los padres deben limitarse a ver el partido y -como mucho- animar, pero no como “histéricos”.

He visto muchas cosas como entrenador, como espectador y como árbitro. Lo último: llevar champán para celebrar un título si se ganaba.

Situaciones como chillar al árbitro, a los contrarios…no son extrañas -por desgracia- en actividades extraescolares deportivas, y hay que ser conscientes de que el niño acabará imitando a sus padres.

He arbitrado muchos partidos de fútbol base y, aunque en general el comportamiento de los padres es bueno, a veces hay “ovejas negras”, que no contribuyen precisamente a mejorar el ambiente.

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