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Padres/hijos agresivos

Los niños aprenden lo que ven en casa y, si la actitud de los padres ante cualquier dificultad es de agresividad, el niño reflejará en su conducta esa agresividad que ha percibido en su hogar. Al cumplir el primer año, algunos niños ya empiezan a mostrar síntomas de agresividad infantil, una actitud que les va a dificultar las relaciones sociales y la integración escolar.

La agresividad en el niño puede reflejarse en acciones físicas (empujar a otros niños, pegar, morder…) pero también en dañar los objetos o pertenencias de otras personas. Son estímulos negativos que los padres deben observar y tratar de corregir cuanto antes, primero con el propio control personal que ellos deben de tener ante las situaciones adversas. Los padres no por tener más edad han sido capaces de asimilar los hechos y de controlarse a sí mismos, algo que es deseable. Nunca es tarde para empezar. Los estímulos positivos son lo que más necesita un niño, especialmente en los primeros años de vida. Como decimos, algunos niños se comportan agresivamente porque imitan a sus padres o personas cercanas a su entorno, aunque también se pueden presentar casos en que se trate de una actitud originada como reacción al entorno.

Lo primero que tenemos que hacer, después de indentificar la agresividad del niño, es pensar en la manera de corregir ese mal comportamiento. Tener en cuenta que no es aconsejable castigar mediante la violencia física o verbal, porque esto puede generar una actitud más conflictiva en el niño. Pero también hay pensar que el niño está aprendiendo y los padres pueden cometer el error de generar confusión si se le castiga unas veces sí y otras no por una determinada conducta.

EL CASTIGO

Castigar no es sencillo y, aunque no hay una fórmula exacta para hacerlo correctamente, podemos tener en cuenta lo siguiente:

  • No hacer depender el castigo del estado de ánimo de los padres. El castigo hay que utilizarlo de forma racional para mejorar la conducta del niño.
  • Hay que hacer una advertencia o señal al niño antes de aplicar el castigo.
  • El tipo de castigo debe evitar el fomento de respuestas emocionales fuertes en el niño.
  • No hay que esperar a que el niño emita toda la cadena de conductas agresivas para aplicar el castigo. Hacerlo desde el principio.
  • Es conveniente que la aplicación del castigo no requiera demasiado tiempo y energía por parte de quien lo aplica.
  • No se deben aceptar excusas o promesas por parte del niño.
  • Los padres no deben aplicar el castigo regañando o gritando, porque se puede producir un efecto agresivo en el niño y, además, hace perder autoridad.

En cualquier caso, hay que tener presente que si la conducta agresiva del niño es frecuente y comienza a generar más problemas, lo más adecuado es consultar al psiquiatra para recibir una ayuda especializada.

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