Ocio y alcohol: 5 claves del fin de semana (III)

(Viene de https://concapa.wordpress.com/2014/01/03/ocio-y-alcohol-5-claves-del-fin-de-semana-ii/)

CLAVE 3. EL PAPEL QUE DESEMPEÑAN LOS PADRES

La familia tiene un papel insustituible en estos momentos tan complejos y críticos en los que sus hijos adolescentes comienzan a salir durante las noches de los fines de semana; no sólo para evitarles posibles riesgos sino también porque estas situaciones constituyen una oportunidad única en la evolución de los adolescentes que los padres han de aprovechar desde un punto de vista educativo.

Sus hijos están comenzando a ensayar su autonomía y su libertad fuera del ámbito del hogar. Las salidas nocturnas son uno de los indicios más claros de que los adolescentes están buscando desarrollar su identidad y poner a prueba sus capacidades. Y, como es lógico, tratan de hacerlo con sus iguales, con su grupo de amigos. Pero es preciso que conozcan los riesgos y responsabilidades que este ejercicio conlleva. Por eso los padres no pueden inhibirse ni delegar en terceros sus funciones de apoyo y supervisión en este proceso tan crucial para la socialización de sus hijos.

Sin embargo, muchas familias permanecen paralizadas por los temores que les provocan estas salidas nocturnas. Sus hijos van a enfrentarse a la oferta de alcohol, tabaco, pastillas, “porros” u otras drogas, pueden verse involucrados en situaciones de violencia o recibirán proposiciones de todo tipo. Es comprensible que estén preocupados, pero deben asumir que impedir o dificultar estas salidas supone privarles de experiencias y aprendizajes determinantes para su madurez. Por tanto, el reto de los padres está en saber conciliar esos temores que genera la noche con la necesidad de independencia y maduración de sus adolescentes.

Es imprescindible que los padres afronten este tema hablando claramente con sus hijos del tema del alcohol y que intervengan directamente en la planificación del fin de semana. Deben marcar pautas claras e inequívocas sobre cuestiones como los horarios de salida y llegada a casa, el dinero que se les asigna, el modo de transporte a utilizar, las personas con las que salen y los lugares a los que van…-. Pero deben hacerlo de modo progresivo y negociando constantemente estos asuntos.

Como en cualquier tema educativo, se puede graduar la carga de responsabilidad: conforme demuestren que cumplen lo acordado y tengan comportamientos responsables podrán ir obteniendo un mayor grado de flexibilidad. Por otro lado, siempre estarán a tiempo de revisar esos acuerdos si no se alcanzan las metas propuestas.

Debemos insistir en la importancia de negociar y de hacerlo desde la empatía con los adolescentes, buscando siempre el equilibrio entre sus legítimas aspiraciones de autonomía y las no menos legítimas obligaciones paternas de cuidado y protección. La negociación es una estrategia tan alejada de la imposición como de la claudicación y, por supuesto, negociar no supone renunciar a establecer unos límites que los padres consideren irrenunciables. Así, es indispensable que, cuando salga de noche un menor de edad, sus padres sepan a dónde va, con quién va y cuándo y cómo regresará.

De ahí la necesidad de explicarles que, cuando adoptamos reglas lo hacemos para su seguridad y no con el afán de obstaculizarles su autonomía.

La clave sin duda es la confianza, combinada, eso sí, con la dosis necesaria de supervisión. Confiar supone tener expectativas positivas en nuestros hijos y en los hábitos y los valores que les hemos transmitido a lo largo de muchos años. Por eso es una apuesta inteligente y una oportunidad irrepetible de demostrarles que creemos en ellos y en sus potencialidades.

(Continúa)

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Ocio y alcohol: 5 claves del fin de semana (II)

(Viene de https://concapa.wordpress.com/2014/01/02/ocio-y-alcohol-5-claves-del-fin-de-semana-i/)

CLAVE 2. EL PATRÓN DE CONSUMO DE ALCOHOL

En efecto, el patrón de consumo de alcohol de fin de semana resulta clave debido a sus propias peculiaridades. En primer lugar, afecta a un gran número de jóvenes: el 71,4% de los adolescentes españoles de 14-18 años han consumido alcohol alguna vez durante el viernes, sábado o domingo en los últimos 30 días (ESTUDES, 2010) frente al 27,1% que consumió alcohol alguna vez en días laborables. Otro dato preocupante son los consumos abusivos y las borracheras. En este mismo grupo de edad, tomando como referencia los que admiten haber ingerido bebidas en el último mes, las intoxicaciones etílicas ascienden al 50,3%, lo que significa que casi uno de cada dos estudiantes de 14 a 18 años que consumen bebidas alcohólicas en ese periodo se emborrachó en alguna ocasión. Veamos a continuación algunas respuestas a algunas preguntas básicas que cabe plantear al respecto:

  • ¿DÓNDE REALIZAN ESTOS CONSUMOS?:

Los estudiantes consumen alcohol sobre todo en bares o pubs (66,3% de los consumidores), en espacios abiertos como calles, plazas o parques (64,1%) o en discotecas (57,5%). Los lugares donde los estudiantes consiguen con más frecuencia bebidas alcohólicas son bares o pubs (52,1%), discotecas (43,5%) y supermercados (49,3%).

  • ¿QUÉ BEBIDAS SON LAS MÁS CONSUMIDAS EN FIN DE SEMANA?:

Los combinados/cubatas son la bebida preferida por la mayoría (76%) de los consumidores de fin de semana, seguidos de la cerveza (45,3%).

  • POR ÚLTIMO, ¿CUÁLES SON LAS CONDUCTAS DE RIESGO ASOCIADAS AL CONSUMO DE BEBIDAS ALCOHÓLICAS?

Entre otras, episodios de violencia, embarazos no deseados, transmisión de enfermedades y la conducción de vehículos bajo los efectos del alcohol. En 2010, un 21,3% de los estudiantes de 14-18 años reconocía haber sido pasajero en los últimos 12 meses en vehículos conducidos bajo los efectos del alcohol. Como es lógico, esta cifra aumenta con la edad y alcanza el 31,9% entre los estudiantes de 18 años.

(Continúa)

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Ocio y alcohol: 5 claves del fin de semana (I)

CONCAPA viene ofreciendo a los padres, en colaboración con el Plan Nacional sobre Drogas, continua información sobre el problema del alcohol entre los jóvenes, centrada en los usos y características de esta sustancia y en las estrategias más adecuadas para prevenir sus consecuencias indeseables; sin embargo, para comprender este tema en toda su dimensión es preciso dar un paso más allá y abordar también el contexto social en el que se producen estos consumos.

Los adolescentes y jóvenes consumen mayoritariamente alcohol en el tiempo libre y éste se concentra fundamentalmente en las noches de los fines de semana y en espacios de diversión; de hecho, numerosos estudios revelan una clara asociación entre la frecuencia de salidas nocturnas durante los fines de semana, los horarios de llegada a casa y la experimentación con alcohol y otras drogas.

Por eso, los padres deben tomar conciencia de que los actuales patrones de ocio y consumo de alcohol por parte de sus hijos conllevan conductas de riesgo que es posible y necesario prevenir; pero esto no debe hacerse desde el alarmismo ni apelando al miedo sino al contrario: siendo capaces de afrontar estos momentos críticos de la vida de los adolescentes con serenidad y convirtiéndolos en auténticas oportunidades para mejorar la relación que tienen con sus hijos y para ayudarles a que adquieran nuevas responsabilidades e incrementen su autonomía personal. Veamos a continuación cinco claves para comprender mejor lo que ocurre en el fin de semana.

CLAVE 1. EL SIGNIFICADO DEL OCIO JUVENIL

Comencemos hablando del ocio en general. El ocio constituye una auténtica conquista social y una parte sustancial del desarrollo humano. En nuestra sociedad actual se considera una necesidad y un derecho fundamental del individuo. Por tanto, el ocio es un componente fundamental no sólo de la vida de los jóvenes sino de toda la sociedad. Hasta el punto de que el siglo XXI ha sido considerado como “el siglo del ocio”, tanto por lo que éste aporta a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos como por la riqueza y empleo que la potente industria del ocio genera, especialmente en países como el nuestro.

El ocio nocturno se consolidó en la década de los ochenta y se asentó rápidamente en el mundo juvenil. La famosa “movida” de esa década y otras evoluciones más recientes como el denominado “finde” son fenómenos complejos que expresan los profundos cambios que han venido afectando a los estilos de vida y al papel de los adolescentes y los jóvenes en la sociedad. Este tiempo de ocio se concentra en las noches de los fines de semana y supone un elemento fundamental en la vida de nuestros adolescentes y jóvenes. Tan es así que consideran que ese territorio mágico de la noche, situado al margen del control de los adultos, es una conquista propia y les pertenece a ellos en exclusiva.

Las actividades que realizan los chicos y chicas durante estas salidas nocturnas tienen un marcado carácter social y están estrechamente asociadas al consumo de sustancias tóxicas, sobre todo al alcohol. Esta asociación entre diversión y consumo de alcohol ha ido siendo asumida por los jóvenes de tal manera que se ha convertido en una auténtica seña de identidad juvenil. Podríamos afirmar que el alcohol actúa como un “lubricante social”, facilitando la desinhibición y las relaciones sociales de los jóvenes. Porque no nos engañemos, la importancia de la ingesta de alcohol no sólo radica en su función evasiva sino en que propicia la construcción de relaciones sociales (nuevos contactos, nuevos amigos, experiencias sexuales, etc.). Esto convierte al tiempo libre en un factor socializador de primer orden, el período de la vida del adolescente en el que obtiene más intercambios personales y una de las mayores fuentes de aprendizaje de hábitos, conductas y valores sociales.

Sin embargo, este contexto tan estimulante y atractivo lleva intrínsecamente ligadas importantes conductas de riesgo. Durante las noches de los fines de semana se ingieren grandes cantidades de alcohol en cortos periodos de tiempo, generalmente unas pocas horas, que se repiten con más o menos regularidad, lo que implica una sucesión de episodios de intoxicación y posterior abstinencia alcohólica; esta práctica ocasiona graves efectos nocivos sobre el cerebro adolescente que es mucho más sensible al alcohol que el cerebro adulto. Además, recientes estudios señalan que este patrón de consumo intensivo e intermitente puede resultar significativamente más dañino que el consumo regular de alcohol.

(Continúa)

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